lunes, 25 de enero de 2016

La mujer fatal

Rubén Darío hizo suyo uno de los tópicos fundamentales en la estética modernista: la mujer fatal. Bellas, crueles y sofisticadas, las mujeres se constituyeron en elemento omnipresente en la literatura de fin de siglo.
 
La mujer felina es la que se encuentra más relacionada con la mujer fatal: tendidas cómodamente, sensuales, de aspecto voluptuoso y a la espera de la llegada del hombre.


DE INVIERNO

 
En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
Envuelta con su abrigo de marta cibelina
Y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
Rozando con su hocico la falda de Alençón,
No lejos de las jarras de porcelana china
Que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;
Entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
Voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

Como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos, mírame, con su mirar risueño,
Y en tanto cae la nieve del cielo de París.
 


Tres cualidades caracterizan a la mujer fatal: belleza, inteligencia y crueldad; dichas cualidades transforman al personaje en un ser invencible y un enemigo mortalmente peligroso para cualquier hombre que decida fijarse en ella o que sea elegido por ella misma como su víctima.
 
La mujer fatal de los textos modernistas hispanoamericanos inició como una adaptación de la femme fatale europea, principalmente de la princesa Salomé, para después buscar su imagen propia. En Hispanoamérica se cuenta con la presencia de la mulata y la morena como las mujeres pecadoras que cumplían con la función de ser misteriosas, seductoras y transgresoras de las reglas sociales.



Piensa en otros enfoques o visiones de la mujer en la literatura y en el arte. ¿Qué enfoques crees que predominan en la actualidad? ¿Qué imagen de mujer ofrece la publicidad?


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