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miércoles, 24 de abril de 2024

Libros que muerden

 


Estos días de celebraciones en torno a los libros recordaba esta cita de Kafka que suelo aportar en clase, cuando el alumnado valora que el libro no le gusta porque le perturba demasiado o lo encuentra complejo.

Me parece, además, que sólo deberíamos leer libros que muerdan y que piquen. Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? ¿Para que nos haga feliz, como al que escribe? Válgame Dios, seríamos igualmente felices si no tuviéramos libros, y los libros que nos hicieran felices podríamos, en definitiva, escribirlos nosotros mismos. En cambio, necesitamos libros que actúen sobre nosotros como una desgracia que nos hace sufrir mucho, como la muerte de alguien que amamos más que a nosotros mismos, como si fuéramos proscriptos, condenados a vivir en los bosques lejos de todos los hombres, como un suicidio – un libro ha de ser como el hacha que quiebra la mar helada que llevamos dentro”.  
 

El temario de 2º de Bachillerato nos ha permitido profundizar en dos lecturas que no son evidentes en su interpretación y muchas veces nos revuelven, nos confrontan. Por eso me gusta tanto comentarlas en clase, porque la lectura no solo es una fuente inagotable de placer y disfrute, también es una forma de conocimiento, de indagación personal, de ampliación de foco. 

Conocer y entender las obras puede ser un paso previo para disfrutar la lectura. Me gustaría creer que finalmente habéis encontrado motivos para valorar Los santos inocentes y La fundación, nuestras lecturas obligatorias. Ojalá os hayan servido para  ampliar vuestra percepción de las cosas. 

Podéis dejar por aquí vuestras reflexiones. Os leo.


martes, 11 de febrero de 2014

Libros que muerden



Fuente: Facebook

Hoy me he dado cuenta de que el blog ha cumplido cinco años. ¡El tiempo ha pasado volando!
 
Cuántas entradas publicadas (423), cuántas en borrador esperando su oportunidad (...), cuántos comentarios (851), cuántos amigos (sí, todos los que no nombro pero somos cómplices en la red), cuántas satisfacciones...
 
Un año más os doy las gracias por acercaros a participar, en silencio y, todavía mejor, con el calorcito de vuestras palabras o vuestros "me gusta" en Facebook. Todavía no me siento cómoda en Twitter (¿será el próximo reto?).
 
 
Imagen: Facebook

Cuando he echado la vista atrás, con la curiosidad de localizar a qué dediqué las primeras entradas de este cuaderno de viaje, he topado con este texto de Kafka, publicado el día 10/2/09. Fue mi tercera entrada, tras dos dedicadas de prueba a los pasos que permiten hacer un análisis sintáctico correcto. Los alumnos tenían que leer de forma obligatoria La metamorfosis, de este autor, y con esta entrada yo intentaba justificar una elección que no comprendían del todo. Aun así, podéis observar en la barra lateral que una de las entradas más leídas en este blog es el comentario que realizó un alumno de 4º ESO como vosotros.
 
Me parece, además, que sólo deberíamos leer libros que muerdan y que piquen. Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? ¿Para que nos haga feliz, como al que escribe? Válgame Dios, seríamos igualmente felices si no tuviéramos libros, y los libros que nos hicieran felices podríamos, en definitiva, escribirlos nosotros mismos. En cambio, necesitamos libros que actúen sobre nosotros como una desgracia que nos hace sufrir mucho, como la muerte de alguien que amamos más que a nosotros mismos, como si fuéramos proscriptos, condenados a vivir en los bosques lejos de todos los hombres, como un suicidio – un libro ha de ser como el hacha que quiebra la mar helada que llevamos dentro”.  
 
(Franz Kafka)


Creo que es un PRETEXTO excelente para que os lancéis a dar la opinión los alumnos de 4º ESO, tan reticentes, parece que os faltan excusas...

Por mí que no quede. Ahí va el nuevo pre-texto (¡y van 60!!)

¿Qué libro os ha mordido?
En sentido figurado, claro, ;-)
 
 


Se aceptan sugerencias también de todos los visitantes de este blog. Podríamos recoger en los comentarios sugerencias de libros poco amables pero que valoramos imprescindibles por alguna razón. Libros como La metamorfosis, por poner un ejemplo.

martes, 10 de marzo de 2009

Máscaras

Hemos cumplido. Por unos instantes, hemos pasado al otro lado del espejo y nos hemos mirado con otros ojos. Personajes de ficción, hemos sufrido metamorfosis variopintas.
En muchas ocasiones hemos asistido aterrrorizados a nuestra propia mutación.





El miedo dejó de ser parte de mí y pasé a ser yo parte del miedo”

(Isabel Pallarés)


Por vuestras páginas han desfilado una galería de monstruos, cíclopes, insectos y animales gigantescos, engendros irreconocibles…
También hemos encontrado seres delicados y frágiles. Me parece un hallazgo esa chica anoréxica que se transmuta en un ser ligero y bello, una mariposa (Olivia Alastuey) o esas sensaciones delicadas que es capaz de transmitir un chico que se ha transformado en flor y siente el calor del sol o la caricia del aire (Lansa Kámara).
En ocasiones el relato está documentado históricamente y nos lleva a épocas de templarios (David Andreu).
Otras, permite abordar conflictos sociales que están ahí: la homosexualidad (Eva Villagrasa), la inmigración (Maribel Bontu), la vejez (Diego Llop), el estrés (Pablo Tena) o la aceptación de la enfermedad (David Albiac).
No faltan los relatos que afrontan la metamorfosis con sentido del humor y nos permiten ver en qué para un experimento en el laboratorio de Ciencias (Irene Puey), cómo se las apaña un hombre embarazado (Darío Villagrasa) o las ventajas de ser invisible (Olga Maza).
Unos pocos habéis aprovechado el carnaval como pretexto (muy oportuno, pues coincidió con el fin de semana en que debíais escribir vuestro relato) y descubrís con horror que os habéis quedado atrapados en un disfraz (Miguel Zapata).
El mundo onírico ha tenido mucha presencia, ese confuso límite entre la realidad y el sueño, que en muchos casos ha jugado de vuestra parte como liberación (menos mal que sólo era una pesadilla), si bien en la mayoría de los casos ha creado situaciones supuestamente reales muy perturbadoras.
Si os estáis preguntando a quién pertenecen estas imágenes tan inquietantes, es el momento de que os presente al creativo
Álex Escorihuela.

Su montaje fotográfico surrealista de una metamorfosis
"Maleable inconveniente" no tiene desperdicio.
Así mismo, si os atrae el juego de la doble personalidad, sabed que Esco trabaja en equipo con Güilmon, su "alter ego".
Álex Escorihuela estudió Diseño Gráfico en la Escuela Llotja de Barcelona, y Publicidad y Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabajó para varios estudios y agencias publicitarias como ilustrador, diseñador grafico y fotógrafo. Esco&Güilmon aparece como firma en sus primeras ilustraciones para el Diario de Barcelona, El Periódico de Catalunya y otras publicaciones. Finalmente se estableció como ilustrador y diseñador gráfico publicitario; también dirigió el departamento gráfico del Festival Internacional de Cine de Sitges durante diez ediciones. Crea carteles para películas de directores como Ventura Pons, Antonio Chavarrías, Marc Recha o La Fura dels Baus, y más recientemente Woody Allen, Brian de Palma e Isabel Coixet. En la actualidad es socio fundador de la agencia La Companyia & Güilmon, donde trabaja como director artístico. Recientemente ha publicado en la editorial Kalandraka "El viaje de la A a la Z en 27 falsas estampas".

Sus raíces son caspolinas. ¿Ya lo habíais adivinado?

martes, 24 de febrero de 2009

Comentario crítico de La metamorfosis, por David Bonastre Piazuelo, de 1º de Bachillerato de Humanidades

El protagonista se transforma de un día para otro en un extraño y repelente insecto, pero su transformación psicológica es mucho más lenta. El relato empieza en la mañana en la que se produce la transformación, y a partir de ahí su manera de pensar va cambiado progresivamente.
Gregor, antes de la transformación, era el único sustento económico de la familia, compuesta por sus padres y su hermana. Tras el cambio, la familia tuvo que buscarse la vida.

A la vez que el personaje de Gregor cambia su manera de vivir, lo hacen también los demás miembros de su familia.
En un principio, solamente su hermana es quien se atreve a entrar más decididamente en su habitación para darle algo de comida y limpiar, aunque tarda mucho más en hablar directamente con él, pues los dos se esconden el uno del otro. Seguidamente, es su madre la que establece más contacto con él, aunque en su primer encuentro sufre un desmayo y cuando su padre se entera de lo ocurrido ataca a Gregor lanzándole manzanas y dejándole malherido.
Su padre es el personaje que menos comunicación establece con el insecto.

Personalmente, establezco una comparación entre la metamorfosis y la vida que podría llevar un enfermo o un anciano. Es decir, una interpretación biográfica de la obra, en la que Franz Kafka podría haber relatado cómo fueron sus últimos años de vida, cuando, enfermo de tuberculosis, murió en 1924.

La manera de vivir de un enfermo, aislado de la sociedad, aislado y a la vez dependiente de su propia familia, incomunicado con el mundo y retenido en su casa hasta el momento de su muerte se asemeja a cómo relata Kafka la vida del insecto. Únicamente uno de sus familiares (su hermana) es quien se atreve a cuidar de él.
En las últimas páginas de la historia, y antes de que Gregor muera, su familia se da cuenta de que deben deshacerse de él, de que es una carga que no aporta nada, y de que sólo crea problemas con el entorno que le rodea.
Se establece una comparación entre ello y cómo podría sentirse una familia que tiene que cuidar de un anciano, que supone una carga y que necesita una alimentación diaria.
Todo estos problemas influenciados por el sentimiento de cariño que se tiene hacia un familiar anciano o hacia un miembro más de la familia transformado.

La interpretación biográfica de la obra se puede confirmar todavía más si establecemos comparaciones más profundas entre un enfermo y el insecto.
El insecto ve crecer su gravedad progresivamente. Cada vez se encuentra más cansado y le cuesta más moverse, aparte de las heridas causadas por su padre, que le imposibilitan trepar o correr.
Un enfermo también ve cómo su cuerpo responde menos a sus órdenes hasta el momento en el que muere.

El trato que recibe el insecto por parte de la asistenta, una persona que no tiene ningún vínculo afectivo con él, también se asemeja al trato que recibiría un enfermo o un anciano. Un trato frío, distante, e incluso a veces agresivo.

El día de la muerte de Gregor, narrado en las últimas páginas de la obra, la familia y los tres personajes que habitaban en alquiler en la casa de los Samsa poseen un sentimiento que pueden dividir en dos. Por un lado, la pena por la muerte de un familiar, de un ser querido, pero por el otro una sensación de liberación, sensación de que todo vuelve a la normalidad; una normalidad que se había perdido con la metamorfosis.
Este sentimiento de liberación y de pena al mismo tiempo también se produce con la pérdida de un ser querido en la vida real, exactamente del mismo modo que se produce en el libro.

Otro de los puntos de los que se puede obtener una interpretación, esta vez más general, es que se deje entreabierta la puerta de la habitación de Gregor. Podría ser fruto de la curiosidad de los familiares por ver cómo se desarrolla la vida del insecto, o de un sentimiento de que Gregor abra la puerta y vuelva a ser el que era antes. Esto último lo expresa textualmente en una frase diciendo algo así como “soñaba que abría la puerta de su habitación y al salir todo era como antes.”

Además, gracias a que la puerta se quedaba entreabierta, Gregor podía escuchar las conversaciones que tenía su familia, muchas veces refiriéndose a él.
Esta es otra comparación de cómo alguien que ha sido aislado de la sociedad, de su familia por cualquier causa, como puede ser una enfermedad, desea volver al mundo habitual, desea unirse a las conversaciones normales de la vida cotidiana.

En resumen, y personalmente, creo que la interpretación más clara que podemos darle a esta obra es la biográfica, de cómo fue la vida de Kafka en sus últimos años, desde el momento en el que ya no pudo hacerse cargo de su trabajo y se sintió aislado del mundo, solamente en contacto consigo mismo.

martes, 10 de febrero de 2009

La metamorfosis


Me parece, además, que sólo deberíamos leer libros que muerdan y que piquen. Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? ¿Para que nos haga feliz, como al que escribe? Válgame Dios, seríamos igualmente felices si no tuviéramos libros, y los libros que nos hicieran felices podríamos, en definitiva, escribirlos nosotros mismos. En cambio, necesitamos libros que actúen sobre nosotros como una desgracia que nos hace sufrir mucho, como la muerte de alguien que amamos más que a nosotros mismos, como si fuéramos proscriptos, condenados a vivir en los bosques lejos de todos los hombres, como un suicidio – un libro ha de ser como el hacha que quiebra la mar helada que llevamos dentro”. (Franz Kafka)


Guardo desde hace años esta declaración de principios de Franz Kafka, porque conforme pasa el tiempo soy más consciente de que los libros que me marcaron y me hicieron lectora fueron libros nada fáciles, que apenas lograba entender en su totalidad, pero que pulsaban dentro de mí emociones y me convulsionaban mis creencias; me hacían sufrir a menudo,... pero me hablaban de mí por su carácter universal.
Una de estas obras es La metamorfosis, de F. Kafka. Por eso, forma parte de las lecturas que vamos a compartir este curso en 1º de Bachillerato. Soy consciente de todo el rechazo que va a suscitar, de la incomprensión y de la extrañeza que rodeará su lectura. Pero justamente quiero provocar ese revulsivo en mis alumnos. Desearía que sufrieran un poco con ella, para que se viesen obligados a cambiar planteamientos, a ponerse en el lugar del otro, a transformarse también.
¿Para qué leer La metamorfosis? ¿Para distraernos? Para eso, no necesitamos la literatura; ya está la consola, la play, el messenger, ... He elegido esta obra para que nos haga pensar y deseemos compartir lo que nos ha movido dentro.