miércoles, 4 de marzo de 2026

Ya huele a primavera


He pasado por la página del Centro Virtual Cervantes para abstraerme en la belleza de esa rosa blanca que nos anuncia la primavera en medio de una atmósfera opresiva, cargada de negrura. 


 Juan Ramón Jiménez

La negra y la rosa

La negra va dormida, con una rosa blanca en la mano.
La rosa y el sueño apartan, en una superposición mágica, todo el triste atavío de la muchacha: las medias rosas caladas, la blusa verde y transparente, el sombrero de paja de oro con amapolas moradas. Indefensa con el sueño, se sonríe, la rosa blanca en la mano negra.
            ¡Cómo la lleva! Parece que va soñando con llevarla bien. Inconsciente, la cuida —con la seguridad de una sonámbula— y es su delicadeza como si esta mañana la hubiera dado ella a luz, como si ella se sintiera, en sueños, madre del alma de una rosa blanca. A veces, se le rinde sobre el pecho, o sobre un hombro, la pobre cabeza de humo rizado, que irisa el sol cual si fuese de oro, pero la mano en que tiene la rosa mantiene su honor, abanderada de la primavera.
Una realidad invisible anda por todo el subterráneo, cuyo estrepitoso negror rechinante, sucio y cálido, apenas se siente. Todos han dejado sus periódicos, sus gomas y sus gritos; están absortos, como en una pesadilla de cansancio y de tristeza, en esta rosa blanca que la negra exalta y que es como la conciencia del subterráneo. Y la rosa emana, en el silencio atento, una delicada esencia y eleva como una bella presencia inmaterial que se va adueñando de todo, hasta que el hierro, el carbón, los periódicos, todo, huele un punto a rosa blanca, a primavera mejor, a eternidad…

Tomado de «El amor en el mar» en  Diario de un poeta recién casado, 1916.


sábado, 31 de enero de 2026

Viaje con las letras: Julián Casanova

 

                           


El programa “Viaje con las letras” (que coordina la profesora de Lengua castellana  y Literatura Susana Arnas) ha acercado hasta nuestro IES Mar de Aragón al prestigioso historiador Julián Casanova, uno de los investigadores  imprescindibles para entender la historia de España del siglo XX y,  en particular, la guerra civil española. Esta visita complementa el trabajo sobre la memoria democrática  promovido en nuestro centro  por el Departamento de Historia y coordinado por el profesor  Francisco Javier Cortés Borroy.

El catedrático de la Universidad de Zaragoza y profesor en la Central European University hizo un paréntesis en la promoción de su aclamada biografía de Franco para hacer una panorámica de la historia de España en el siglo XX al alumnado de 1º y 2º de Bachillerato y, de paso, dar algunas claves para la preparación de la PAU, prueba en la que ha sido armonizador durante varios cursos. El debate posterior permitió reflexionar acerca de los peligros que acechan a nuestras democracias en el convulso momento que vivimos.

                                           

El autor se centró en las claves que provocaron que el continente más próspero y avanzado del siglo XX viviera dos guerras mundiales y un holocausto, entre otros desastres políticos, sociales, económicos y humanos.  Los años de recuperación posteriores crearon la sugestión de mejora permanente, de democracia consolidada, pues el recuerdo de estos acontecimientos terribles conjuraban cualquier posibilidad de repetir el pasado. Sin embargo, las nuevas generaciones nacidas en democracia han relativizado el peligro y han  olvidado el horror vivido, la sangre y los conflictos que han permitido llegar hasta aquí.

Julián Casanova alertó a nuestro estudiantes, pues el presente “rima” con los acontecimientos vividos hace un siglo, de forma muy preocupante. Instó a los alumnos a leer, ver películas y desarrollar el sentido crítico, pues necesitan ser protagonistas de su futuro o no podrán quejarse de los tiempos que tengan que vivir.  Para el historiador, “la edad dorada de la democracia ha pasado”.  Así, señaló la crisis de valores actual como evidencia  de un fin de ciclo y advirtió que hay que escuchar los ecos del pasado o vendrán problemas muy serios.

Aunque afirmó que los políticos en realidad no mandan, planteó como prioridad exigir políticos y medios de comunicación responsables y combatir la corrupción. Igualmente,  denunció la complicidad de una parte de la sociedad cuando los valores fallan.

En definitiva, el historiador y divulgador ensalzó los valores indispensables de la democracia, que son garantes de una sociedad más justa y de un reparto equilibrado de la riqueza y recalcó la importancia de no olvidar los “valores que nacieron de las cenizas de la destrucción”.

En el debate posterior,  mencionó la colaboración en la película de Alejandro Amenábar Mientras dure la guerra (2019), una película que tendrán ocasión de ver y analizar los alumnos de 2º de Bachillerato, pues  participan en las actividades programadas en el marco del “Seminario de Memoria Democrática” del IES Mar de Aragón.

                                           

Por la tarde, el autor de Franco, (ed.Crítica) ofreció una charla ante un numeroso público en torno a la huella indeleble de este general en la historia. Organizada por el Centro de Estudios Comarcales del Bajo Aragón y la Institución Fernando el Católico, también  tuvo lugar en el salón de actos “Félix Serrano Repollés” de nuestro instituto.


Agradecemos a Julián Casanova el compromiso de acercarse a los centros educativos para transmitir la historia con la fuerza y convicción de quien ha dedicado su vida a la investigación y la búsqueda de la verdad (aunque conceda que la verdad absoluta no existe).  

Os animamos a seguir al autor en su labor divulgativa a través de las redes y programas en los que participa: https://x.com/CasanovaHistory y a mantener la mente y el corazón abiertos para afrontar estos momentos históricos que nos preocupan.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Silencio...¡se lee!

 

Imagen: Aaron Burden

Leer juntos, en silencio, estrenando este otoño maravilloso, amarillo y cálido.

Los más afortunados beben intensamente el sol mientras se adentran en las páginas del libro escogido.

Compartimos un tiempo privilegiado. Para algunos, exasperante en su lentitud recién descubierta. Para otros, quizá refugio. Para todos, momento regalado, robado al programa curricular, al tema “que toca”.

Cualquier actividad que sale de las aulas y nos lleva hasta el parque nos interroga. ¿Estamos perdiendo el tiempo?

Dos alumnos no se concentran. Se miran continuamente, en una interacción muda de resistencia. No piensan dar una oportunidad a este momento único. 

Es evidente que la profesora busca un momento especial, una revelación, el destello que cruza el silencio con lo inhabitual. La fe en las palabras que nos llevan a descubrir una historia, un universo propio, un personaje (tan distinto o tan parecido a mí, tanto da).

Se oye el susurro de las hojas temblando antes de caer y fundirse en este amarillo imposible que aún tiene ecos de verano. Un saltamontes queda atrapado en el velo de una de las chicas y rompe momentáneamente el hechizo. Los minutos se deslizan morosamente en la sexta hora de un viernes, que es preludio del bullicio, de la fiesta.

La profesora observa, escucha voces de otras aulas, coches que pasan, algún pitido… Piensa que solo ella lo percibe; que ellos, sus alumnos, andarán inmersos en otras voces, muy lejos de allí, atrapados por una historia que no podrán, no querrán ya, abandonar. Sabe que esta salida robada no será nunca un tiempo perdido, sino un tiempo ganado a la monotonía de los días y  las horas repetidas. Un tiempo mágico, nuestro, personal y único, que querremos otra vez reproducir.

sábado, 25 de octubre de 2025

La biblioteca Merche Caballud os espera

 


El Día de las Bibliotecas nos ha recordado en todas las redes y medios divulgativos la importancia de mantener espacios de encuentro en torno a la palabra. 


Sin embargo, el cartel  y la campaña que lo presentan abanderan este espacio como arma contra la desinformación. 

Rechazo este enfoque tan agresivo, me desagrada la violencia de esta imagen que incide en la hostilidad y la confrontación. Por contra, mantengo una fe irreductible en el acercamiento hermanado a través de un puente de palabras, un enfoque sosegado más acorde con el respeto y el intercambio de ideas, sin imposiciones "a priori".


Pienso en nuestra biblioteca como espacio/refugio en los recreos para aquellos que no comparten los juegos deportivos del patio ni los corrillos excluyentes.

Valoro nuestra biblioteca como espacio/formación, con profesorado que se anima a llevar a la biblioteca a un grupo de alumnos para investigar y consultar sus fondos.

Respeto el uso de nuestra biblioteca como espacio/reunión (de tutores varios, de inmersión, de departamento,..), porque se replica a cada momento su función de intercambio de la palabra para reflexión y consenso. 

Motivo desde el aula el espacio/préstamo, que pone al alcance de nuestro alumnado esas lecturas atractivas y novedosas que les alegrarán el alma.

Celebro la motivación desde la biblioteca de un espacio/club de lectura, que desde hace dos cursos se suma al admirado programa "Leer Juntos" y permite a toda la comunidad educativa compartir lecturas y, por tanto, sueños, preocupaciones, vida...

Deseo curso tras curso que la biblioteca sea un espacio/encuentro con escritores. Estos cursos se han acercado Ana María Lasheras (también profesora de Física y Química  de nuestro centro en ese momento), con su novela Más allá del infinito,  y Víctor Juan, para compartir Memoria inesperada.  

Recorro la biblioteca como espacio/descubrimiento con exposiciones promovidas por el coordinador de biblioteca Alfredo Poblador, como la dedicada a la mujeres narradoras, una selección muy interesante de mujeres no siempre conocidas y reconocidas que lucen en el pasillo de la biblioteca con un diseño atractivo y actual.

Convoco la biblioteca como espacio/poesía, donde convocar así mismo a las musas y expresar lo que guardan dentro nuestros "Elhechitos poéticos" del Taller de poesía impartido estos cursos por Samuel Trigueros.

Recomiendo la biblioteca como espacio/recogimiento, donde pasar momentos de silencio provechoso y dichoso, sumergiéndote en historias que alguien soñó para ti. 

Sueño con propuestas jóvenes de espacio/fiesta, como nos propone nuestra compañera Pilar Sariñena, para que la biblioteca pierda su aureola académica y seria, para disfrutar de la lectura con el pretexto de una "read party".

Admiro que nuestra biblioteca sea espacio/homenaje con su reciente nombre "Merche Caballud", reivindicando la figura de una profesora de Lengua y Literatura, que fue germen, junto a Carmen Carramiñana, del programa "Leer juntos" y sigue impulsando "hoy todavía" la pasión por la lectura a través de muchas iniciativas apasionantes ("Primavera de palabras", biblioteca, programas radiofónicos, tertulias literarias,..).

  


En estos momentos, nuestro IES Mar de Aragón promueve un plan de mejora de centro, en el marco del programa europeo PROA+. Entre sus actuaciones está planteada la mayor participación en este espacio de toda la comunidad educativa, especialmente de las familias.

Así que aprovecho el pretexto que me ofrece el Día de las Bibliotecas para invitar a toda la comunidad educativa para acercarse a consultar los fondos,  participar en el club de lectura "Leer juntos" y disfrutar de la exposición de mujeres narradoras.


Sigamos reinventando este espacio juntos:

¡¡Os esperamos con los libros abiertos!!



viernes, 24 de octubre de 2025

Aviso para navegantes


En un mundo ahogado en la marea de mensajes irrelevantes debemos prestar atención con especial interés, porque nos va el sentido de nuestra vida en ello, a las palabras de las personas reflexivas que nos alertan. 

Escuchad y leed el mensaje del filósofo Byung-Chul-Han, reciente Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. Es el mejor regalo que nos podemos hacer hoy. 

Y "Hoy es siempre todavía" para que la sociedad despierte  (evocando el verso machadiano tan necesario y deseado).


 

 Leed con calma el discurso, alojado en la página de la Fundación Princesa de Asturias:

En la Apología, el famoso diálogo de Platón, cuando Sócrates expone su propia defensa después de haber sido condenado a muerte, explica cuál es la misión del filósofo. La función del filósofo consistiría en agitar a los atenienses y despertarlos, en criticarlos, irritarlos y recriminarlos, igual que un tábano pica y excita a un noble caballo cuya propia corpulencia lo vuelve pasivo, y así lo espolea y estimula. Sócrates compara a ese caballo con Atenas.

Yo soy filósofo. Como tal, he interiorizado esta definición socrática de la filosofía. También mis textos de crítica social han causado irritación, sembrando nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo han desadormecido a muchas personas. Ya con mi ensayo La sociedad del cansancio traté de cumplir esta función del filósofo, amonestando a la sociedad y agitando su conciencia para que despierte. La tesis que yo exponía es, efectivamente, irritante: la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.

También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Tampoco estoy en contra de la Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos. Pero también con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas. Por eso, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.

Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama moeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas.

Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca. En cualquier ámbito de la vida, las opciones son infinitas. También en el amor, gracias a las aplicaciones de citas. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.

Algo no va bien en nuestra sociedad.

Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual. No son pocas las personas a las que mi crítica cultural ha irritado, como aquel tábano socrático que picaba y estimulaba al caballo pasivo. Pero es que, si no hay irritaciones, lo único que sucede es que siempre se repite lo mismo, y eso imposibilita el futuro. Es cierto que he irritado a la gente. Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte, sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio. Se lo agradezco de todo corazón. Muchísimas gracias.