Ayer 4 de junio acompañé a Víctor Juan junto a Alberto Serrano en la presentación en Caspe de su nuevo libro Practicum amicorum. Falso libro de cocina. Verdadero tratado de amistad, organizada por el CECBAC.
Reproduzco aquí la presentación que preparé:
Prandium amicorum. Falso libro de cocina. Verdadero tratado de amistad es un proyecto original y personal, una victorjuanada con las que nos sorprendió nuestro amigo común. Una idea pensada con mucho cariño e ilusión desde el principio. Víctor se planteó invitar a amigos a casa en parejas (en principio, aunque hay alguna excepción), con un tema en común y en torno a esa comida se centra cada capítulo: la justificación, una semblanza de cada invitado, la receta, la conversación, las anécdotas o digresiones que se pretextan…Treinta amigos en total, aunque la galería de personas que salen en sus páginas supera las quinientas.
Yo solo puedo decir que me abruma formar parte de este
banquete de amigos con proyectos y vidas tan creativas e interesantes; desde
“la pequeñez de mis días” colaboro ilusionada con mi amistad (lo más
importante), y comparto con Víctor nuestro
compromiso con la educación, el
privilegio de degustar algunos escritos antes de su difusión (“lectora de
Indias” o “catavenenos” me llama por algún sitio) y una Arcadia común, Caspe.
Con Víctor nos unen retazos de un Caspe que ya no existe, el Caspe de nuestra
infancia y adolescencia, un territorio perdido que recuperamos en
conversaciones y recuerdos, como los que recoge en Caspe, mis días azules.
Más adelante, nos han unido muchas
conversaciones y algunos proyectos, relacionados con sus publicaciones y con
los encuentros con el alumnado y profesorado del instituto. Víctor siempre acude
a nuestra llamada de forma desinteresada y generosa.
Aunque, como comentaba, me sentí abrumada por la invitación, me hizo muy feliz compartir mesa y conversación con Víctor, Eva Fañanás y Alberto Serrano.
Prandium amicorum es un banquete de amistad y
complicidad, donde abundan las bondades. Y no me refiero solo a las
culinarias. Este Tratado de amistad es un regalo en muchos sentidos.
En primer lugar, para los protagonistas de estas comidas por el
disfrute de la buena mesa y la buena compañía. Víctor y Eva cuidan todos los detalles para
hacer de cada encuentro una experiencia inolvidable.
Pero el regalo se multiplica al convertir una experiencia personal
en un banquete abierto para todos los lectores. En estas páginas Víctor nos
hace partícipes de todas las comidas y conversaciones con sus amigos. Los
conocemos a través de su mirada generosa y precisa, que da luz a las diferentes
facetas que hacen a cada persona especial. Pero más allá de su singularidad, Víctor pone énfasis en valorar el impacto de
cada una en su entorno, conectado a su valor social, artístico,
educativo, deportivo, político o
cultural, subrayando cuánta
pasión e ilusión hay en cada camino, cuántos sueños y proyectos se concretan en
realidades que nos hacen mejores a todos. “Unos amigos te llevan a otros, te
muestran su mundo que, inmediatamente, engrandece el tuyo”, como expresó Luis
Alegre en un momento que se menciona en el libro.
Gracias a esto, la obra se enriquece como documento sociológico y ensayístico, pues permite la reflexión sobre los temas que interesan a su autor, siempre inquieto y comprometido con su presente, sin dejar de atraer a cualquier persona curiosa y sensible .
Aquellos que seguimos y leemos a Víctor en sus columnas y en sus
obras encontraremos aquí todo su universo, un mundo que se recrea y no se agota:
Ramón Acín y Conchita Monrás, las Misiones Pedagógicas, la Institución Libre de
Enseñanza, las bibliotecas, las escuelas, la radio, la literatura, el Real
Zaragoza y, por supuesto, Caspe.
Reconocemos y conocemos un poco más a Víctor en la mirada que
proyecta en sus amigos. Nos encanta encontrar su habitual sentido del humor y
su propensión para el juego, la búsqueda de la sorpresa a través del detalle o
la anécdota imperdible. Así, entre sus
ocurrencias descubrimos divertidas creaciones de palabras ( las personas se
clasifican en manitofílico o manitófobo según su relación gastronómica
con las manitas de cerdo; las cosas pueden hacerse "a lo Luis Rabaneque" o rabanequemente; y los chistes se
revelan arevalianos o pajarescos...). Algunas veces plantea curiosas
elucubraciones sobre cómo aprovecharse de las habilidades de sus amigos: por ejemplo, plantea que si algún día tiene
que entrar en un plan de testigos protegidos, pueden venir bien las artes
maquilladoras de Ana Bruned. Sus
semblanzas incluyen sin excepción un guiño cómplice con el lector (¿cómo puede
imaginarme en el Titanic en lugar de Leonardo di Caprio?). El texto está
trufado de frases de poemas y canciones, que el lector identifica con una
sonrisa cómplice. Y asume sin rubor que va a darnos la lata (literal).
Como es de esperar, la amistad es
la salsa que emulsiona todos los capítulos, no en vano “los amigos son el apoyo
para vivir, para caminar, para creer en uno mismo, para ganarle la batalla a la
tristeza” (p. 249). En efecto, la
amistad “es una de esas cosas que uno no puede poner en su currículum ni
en la solapa de sus libros, pero que da sentido a la vida”.
Junto a las reflexiones sobre la amistad,
destaca la reivindicación del diálogo y la palabra como elementos clave
de los encuentros personales, la palabra como puente para el disfrute y para el
entendimiento. La defensa del placer de una conversación sosegada, la mirada
atenta, el tiempo detenido. Frente a una sociedad hiperconectada y
crispada, donde nadie escucha a nadie y la palabra se vuelve arma
arrojadiza, encontraremos en estas páginas el sosiego de los momentos creados
para disfrutar y recordar.
Hubo un tiempo en el que en mi casa, al comenzar el año, inaugurábamos un “Tarro de los buenos momentos”, un bote de cristal con su tape y su etiqueta donde guardábamos notas con esos chispazos que a veces conmueven, otras sorprenden, o inspiran o calientan el corazón… Combustible para los días grises, que también los hay. Esta obra tiene ese espíritu: alargar lo efímero, fijarlo en unas fotos, para retenerlo y disfrutarlo más veces.
Pero que no os engañe el título. Este “Falso libro de cocina” es, dada la “buena mano” de su autor, un verdadero tesoro culinario. Probad las recetas. Con la garantía de haber sido testadas por los treinta amigos invitados. Con la tranquilidad de que están explicadas por Víctor con todos los detalles y trucos para un resultado impecable. Con la satisfacción de que están elaboradas con productos de la tierra, los mejores: tomates secos de Caspe, la longaniza y la sobrasada de Graus, el queso de Radiquero, , el aceite de las Reales Almazaras de Alcañiz , … siempre acompañadas de buen vino de las garnachas de Calatayud, Cariñena o Borja y el pan de la panadería de confianza.
Cocina y escritura. Dos mundos conectados que Víctor explora, disfruta y comparte. En Aquellos días de luz y palabras, comenta que “Cocinar es innovar, mezclar, modificar, innovar, fusionar...”. Prandium amicorum combina registros diversos para conseguir “la emoción que a veces guardan las palabras” (cito de su libro): libro de semblanzas, crónica periodística, ensayo, catálogo de sueños y proyectos, anecdotario singular, biografía, recetario de cocina,...y álbum de recuerdos de los buenos momentos. Libro de libros, donde se mencionan otras de sus obras (cómo se gestaron, presentaciones, curiosidades,..). La galería de fotos complementa el resultado en las redes sociales. Y recientemente, Marisol Aznar y David Angulo incorporaron una canción a este festín citando a todos los invitados. ¡Que no pare la música!
Decía Ana María Matute que "Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad" y que "El mundo hay que fabricárselo uno mismo".
Víctor Juan es un fabricante de momentos felices. Y nos invita a
compartirlos, con entusiasmo, inspirándonos, celebrando la amistad y la vida. Para
que la tristeza nunca sea la última palabra.
Pero
id con cuidado. Nos previene Luis Alegre en el prólogo (Vermú): “Este libro es uno de esos de los que no te
apetece salir. Te encuentras tan a gusto dentro de él que hasta se te olvida
comer”.
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| Exposición "Texturas de mi vida", Joo Eun Bae |
En la página del autor puedes encontrar todas las publicaciones en redes y prensa relacionadas con esta publicación.
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| Diseño de portada de José Luis Cano |


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Me he olvidado de las cerezas rojísimas, duras, dulces, que acabo de coger del cerezo del jardín. He leído el entrañable y hermoso escrito de Esther y la envidia me ha dejado inútil para el asunto de la cereza. Qué dulce es tener amigos y conversar, leer y reírse. Y cuánta gracia y ternura de la buena en las palabras de Esther. A ver si me venís alguna vez a echar un riego "culturamistoso" que lo necesito.
ResponderEliminarEstoy en un Pirineo muy hermoso pero sosico de relaciones lecturales aunque nos queremos mucho.
Un abrazo a esa cuadrilla y a ver si os apetece venir a verme. Merche
¡Qué alegría encontrarte por aquí, Merche! La amistad nos hace mejores. Iremos a visitarte y a compartir risas, abrazos y lecturas. Un abrazo.
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